
Bloody Mary
Entre los múltiples mitos que circulan sobre el mejor método para combatir los efectos secundarios de la ingesta excesiva de alcohol, figuran algunos cuanto menos curiosos. Beber agua y zumos, comer fresas o nueces, tomar dulces… Todo vale para sentirse un poco mejor a la mañana siguiente a una juerga. ¡Incluso beber alcohol! Aunque éste es un mito tan falso como extendido, ha dado lugar a un cóctel que promete curar toda resaca. Dicha promesa nunca se cumple, pero el ‘Bloody Mary’ tiene otras muchas virtudes.
El ‘Bloody Mary’ vio la luz en el Harry’s Bar de París en 1920, obra del afamado barman Fernand Petiot. El aspecto rojizo de la pócima, debido a su principal ingrediente, el zumo de tomate, llevó a algunos clientes a bautizarlo como ‘Bucket of Blood’ (‘Cubo de sangre’). Posteriormente se le dio el nombre de la reina María I de Inglaterra, llamada ‘Bloody Mary’ por su carácter sanguinario.
El cóctel cruzó el charco junto con su creador en 1925, y se popularizó en EE.UU. gracias, sobre todo, al actor George Jessel, que añadió sal y pimienta a la receta original.
Ingredientes
-3 partes de vodka
-6 partes de zumo de tomate
-1 parte de zumo de limón
-Una pizca de sal
-Una pizca de pimienta negra
-Unas gotas de tabasco
Preparación
Verter el vodka en un vaso largo. Añadir el zumo de limón, el tabasco, la sal y la pimienta. A continuación, echar tres o cuatro cubitos de hielo y completar con el zumo de tomate. Remover con un agitador y servir ‘on the rocks’.
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