No serán muchos los que conozcan este especial brebaje, que se ha convertido casi en un símbolo nacional del país sudamericano. Como acompañante a un buen asado o como manera de empezar (o acabar) la noche, es una bebida refrescante y lo suficientemente elegante como para tomarlo en cualquier ocasión.
Se puede partir de una versión purista, mezclando al 50% un buen vino blanco y champagne de verdad (de la zona de Champagne), aunque es poco probable que ni siquiera la versión original contuviera ninguno de los dos elementos. La esencia del brebaje es, por tanto, mezclar un vino espumoso y dulce con otro más seco.
Medio y medio, pero, ¿de qué?
En el fondo cualquier vino blanco puede servir para preparar este cóctel. Asimismo, en lugar de champagne (algo caro y difícil de conseguir) se puede utilizar cava (para los no expertos, es básicamente lo mismo) o incluso algún otro vino blanco más dulce o espumoso. Algunos se atreven incluso a usar vino rosado, que cumple también todas las condiciones y ya de paso le da cierto color al asunto.
En cualquier caso, elijamos la mezcla que elijamos, será una bebida apreciada por todos y que puede ser un buen acompañamiento mientras arreglamos el mundo, nos echamos unas risas o nos perdemos en los ojos de nuestra pareja.
Ingredientes
½ de vino blanco
½ de champagne (cava o vino rosado)
Preparación
Tanto el vino como el champán deben estar bien fríos. Se pueden meter un rato en el congelador antes de servir. Después, descorchar ambas botellas (es permisible dejar que el corcho del champán vuele libre) y verter en un vaso, la mitad cada uno.
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